La crisis de Nueva Rumasa empeora la realidad del matadero de Olivenza

La instalación no ha funcionado desde el cambio de dueño y sus 26 empleados no han cobrado febrero

En agosto pasado, Olivenza y su área de influencia saludaron con entusiasmo la llegada del nuevo imperio de Ruiz-Mateos. El matadero oliventino, referente empresarial de la comarca y de la Extremadura ganadera, arrancaba bajo el paraguas de Nueva Rumasa una etapa esperanzadora tras sufrir un periodo marcado por la baja actividad de la industria y un ERE que supuso la desaparición de 14 empleos. Hoy día, ese paraguas, como le ocurre a sus compañeros de Carcesa, no muestra más que agujeros y resulta inservible. Los 26 empleados de la ahora llamada Cárnicas Oliventinas no cobraron el mes pasado y están con los brazos cruzados porque allí no se ha sacrificado ningún animal desde que hubo cambio de dueño.
Cuando se conoció que el enjambre de Nueva Rumasa se agrandaba con la industria de sacrificio de ganado, una persona vinculada al sector bodeguero de Jerez de la Frontera dejó un mensaje premonitorio en HOY.es. «Nueva Rumasa no se dedica al sector agroalimentario sino al financiero. Pide un préstamo, compra, vende, descapitaliza… En fin, un malabarista de las finanzas, no un creador de riqueza. En 4-5 años, Cárnicas Oliventinas desaparece, se la queda el banco o algo parecido. Ojalá me equivoque», dejó escrito.
Ahora, este presagio resulta aterrador para las familias que todavía viven del matadero. En Cárnicas Oliventinas no se ha matado ningún animal desde que Ruiz-Mateos la compró. Bueno, se mataron seis cochinos en diciembre a modo de prueba pero no se despiezaron y sus restos fueron directamente camino del crematorio sin sacarles provecho alguno.
Sacrificio y realidades
Es más, el matadero ni siquiera está perfectamente acondicionado para que se pueda hacerlo allí. El laboratorio está incompleto. Por no haber no hay ni fotocopiadora. No hay actividad ninguna vinculada a su actividad. Sus 50.000 metros cuadrados están completamente infrautilizados.
«Limpiamos, pintamos, pero no se hace nada para lo que está el matadero. Nos pasamos los días mirándonos unos a otros sin hacer nada para lo que se nos contrató. La diferencia es que antes, por lo menos, cobrábamos. Ahora ni eso», resume con mucha preocupación José Manuel González, delegado sindical del matadero oliventino.
Tras el ERE de extinción de puestos de trabajo, la empresa se quedó con 22 empleados y, ya con Ruiz-Mateos como nuevo propietario, la plantilla aumentó en 4 personas más. Ese incremento estaba fundamentado en unos datos y objetivos más que interesantes.
Cárnicas Oliventinas posee una capacidad de sacrificio de más de 1,2 millones de cabezas al año de ganado vacuno, ovino, y porcino y Nueva Rumasa pensaba dar trabajo a más de 80 empleados. Cuando la compró, se dijo que una de las principales unidades de negocio será el secado y la comercialización de jamones y otros embutidos ibéricos bajo la marca Bellota Negra de Apis y con la Denominación de Origen Dehesa de Extremadura.
También se contemplaba la fabricación y comercialización de productos como loncheados y platos preparados y suministrar materia prima a Carcesa para la elaboración de sus productos cárnicos (patés, magros y callos, entre otros). «No se ha hecho nada porque ni siquiera se ha terminado la infraestructura necesaria para poner en marcha el matadero. Y esto no tiene pinta de que no va a pasar con esta gente. Estamos muy inquietos por el matadero y por nuestros empleos porque si no hay nada que producir….», añade González.
Cárnicas Oliventinas no se encuentra en la situación de preconcurso de acreedores que afecta más de 29 empresas de Nueva Rumasa, entre ellas Carcesa. Sin embargo, esta realidad jurídica no aporta ni un gramo de optimismo a su plantilla. «Si no está en concurso de acreedores, lo puede estar pronto. Aquí la única solución es que Ruiz-Mateos la venda y tengamos un nuevo dueño porque el matadero es necesario para la región y es viable», añade el delegado sindical.
El cambio de dueño, el segundo en menos de ocho meses, se percibe como la única alternativa que garantice la viabilidad del antiguo matadero de Olivenza. Mientras se cumple o no esa hipótesis, la plantilla mira con preocupación al bolsillo. Los impagos pueden crecer.
Fuente: HOY.es